Francamente, querida, eso sí me importa

“Si a usted no le importa lo que digan de su familia, a mí sí, una dama distinguida tiene que comer delante de la gente como un pajarito”

Hoy es el Día de la Mujer, sin embargo, como psicólogo, veo que en mi consulta cada día es el Día de la Mujer

Que ellas (vosotras) seáis por norma general más susceptibles a los trastornos mentales (algunos estudios aseguran que el doble, aunque aquí habría que matizar su  mayor sensibilidad a los mismos y a sus propias emociones) y en concreto a los trastornos de la conducta alimentaria, no tiene tanto que ver con predisposiciones genéticas como a lo que la cultura les (os) inculca.

Las mujeres tienen (tenéis) prohibido el placer. Tan simple como eso. De acuerdo, en la cultura occidental cada vez existe mayor liberación sexual (aunque esta, en gran medida, sigue estando al servicio del placer del hombre), pero los mismos comentarios acerca de mujeres promiscuas se siguen escuchando, aunque sea con la boca pequeña…

Y hablando de boca pequeña: las mujeres tienen (tenéis) prohibido comer. Mucho hablamos del estereotipo de belleza actual refiriéndonos a modelos imposibles sobre pasarelas aún menos probables, pero lo cierto es que si miramos el ejemplo de tan sólo dos de las mujeres más famosas e influyentes del planeta como son Nicki Minaj o Kim Kardashian (con cuerpos visualmente hiper feminizados hasta la parodia) y les preguntamos por sus pautas alimenticias, básicamente nos dirán que no comen.

Eso va más allá de estereotipos de belleza, y usaré como ejemplo un clásico del cine: Lo que el viento se llevó. Veamos esta escena:

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“Si a usted no le importa lo que digan de su familia, a mí sí, una dama distinguida tiene que comer delante de la gente como un pajarito”

Lo que el viento se llevó es una película de 1939, y creo que todos coincidiéremos en que el considerado actualmente estereotipo de belleza  no coincide con el de la década de los tres, pero es más, la película está ambientada en la Guerra Civil de los EEUU a mediados del siglo XIX, con lo que la frase se refiere a un contexto histórico anterior cuyo modelo de belleza es aún, si cabe, más distante. Es decir: las chicas debías ser voluptuosas y con grandes caderas, para lo cual es necesario comer, y, sin embargo, en público quedaba indecoroso hacerlo para una dama.

Eso lo vemos en la actualidad: el hombre, mientras más come, más macho (¡grrr, ahrg, carne!) y la mujer debe ser la sombra de la manzana y la ensalada….

Pero la película tiene aún un aspecto que matizar. Los que la hayáis visto, recordareis que el largometraje tiene dos partes bien diferenciadas. Al final de la misma Escarlata O´Hara ha madurado, se ha hecho cargo de su vida y de la de los demás, es una mujer fuerte y decidida que jura por Dios que jamás volverá a pasar hambre.

Psicólogos Málaga

Jamás volveré a pasar hambre- Psicólogos Málaga

De haber acabado ahí, sería la mejor película de la historia.

No obstante, eso hubiera sido un final demasiado épico y peligroso  dado que una mujer se declara autosuficiente y capaz. ¿Cómo solucionarlo? Durante la segunda hora y media aproximada vemos a Escarlata perdiendo los nervios una y otra vez, mostrándose insegura y caprichosa, necesitando la guía de un hombre Rhett Butler, hasta el éxtasis final en la que corre desesperada tras su marido para rogarle que no la deje, que sin él, ¿qué será de ella? Echando por tierra de forma devastadora la imagen de la mujer fuerte y autosuficiente que vimos al final de la perfecta primera parte.

Esos mensajes, presentes casi desde que el mundo es mundo, han ido minando a la mujer, esa mujer que no necesitaría un día  al año de no ser por todo lo que le hacemos los 364 restantes. Las películas no son sólo películas, ni las bromas son solo bromas… Son ideas que van haciendo mella en nuestro subconsciente, transformando la cultura, la sociedad, y dañando a la mayoría de sus miembros: las (vosotras) mujeres.

Manuel Cruces Cuberos – Psimetría Psicólogos Málaga

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