“El lobo y la oveja, nunca hacen pareja”… consideraciones en las relaciones de pareja.

La vida en pareja es la opción que escogen mayoritariamente las personas adultas. Esta opción viene abalada por las diversas ventajas  que ofrece en el ámbito de la salud y de la integración social, para esa forma de vida frente a la vida en solitario.

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Sin embargo, la forma en que se lleva a cabo la vida en pareja está en constante transformación ya que trata de adaptarse a las propias condiciones cambiantes de la sociedad. A esto hay que añadir que el modelo de referencia de lo que debe ser una pareja ha dejado de ser único: hombre y mujer, con roles diferentes que se unen para tener una familia y para toda la vida. hoy conviven múltiples modelos de referencia de lo que debe ser una pareja en función de aspectos tan dispares como el reparto de poder, búsqueda de descendencia, el sexo en pareja, el tipo de convivencia… a lo que además hay que añadir un manto emocional “todo lo que se necesita es amor” que pretende encubrirla o anularlas. No es necesario hacer nada, basta con dejarse lleva, con “amar” y todo será perfecto, pero la realidad aparece y las diferencias y dificultades no tardan en surgir. A pesar de “amarse” alguien debe sacar la basura, ir a ver al profesor del niño, decidir entre comprar un coche o remodelar la casa, qué se ve en la televisión. Es aquí cuando se empiezan a identificar las diferentes oposiciones y más si el modelo de referencia de lo que debe ser la pareja es dispar, o simplemente si el objetivo principal es la búsqueda de la felicidad “individual”. “¿Por qué voy a aguantar el enésimo partido en la televisión, o la enésima visita de mi suegra en especial si añade comentarios de cómo debería hacer las cosas?”.

Es verdad que las personas viven en pareja mientras consideran que obtienen más recompensas dentro de esta pero si la realidad comienza a poner de relieve lo contrario es lógico plantear si lo mejor no será separarse.

Es este el momento en el que debe plantearse si dar una segunda oportunidad a la relación y si es conveniente buscar la ayuda de un profesional que ayude al buen funcionamiento de la misma.

A continuación relatamos una serie de principios básicos de especial utilidad para la buena “salud” de la pareja.

  • Establecimiento de límites: establecer límites claros respecto al exterior, es decir la interferencia de otros en la relación, así como respecto al interior, es decir, hasta que punto renunciar a uno mismo por el otro.
  • Percepción de equidad: ser flexibles a fin de poder adoptar o valorar el punto de vista del otro ayudará a esta percepción de equidad. Si sólo se considera el propio punto de vista propio es lógico que la valoración de las aportaciones sea sesgada, de forma positiva hacia uno mismo y negativa hacia el otro.
  • Atención emocional: en una relación se espera un importante nivel de “calidez” emocional, que vendrá marcado por la presencia de señales de afecto. Pero tan importante es esto como son las manifestaciones negativas para un adecuado desarrollo del clima emocional. Lo deseable es que las manifestaciones positivas sean más habituales. La indiferencia emocional por el contrario es uno de los elementos más negativos para la relación de pareja.
  • Valor de la intimidad: en una relación de pareja, además de todo lo anterior, se espera compartir un espacio personal único que no se comparte con nadie más.  Esto supone comunicación sobre aspectos personales, expectativas, opiniones, proyectos, normas morales y uno fundamental: la sexualidad. Si esta intimidad no se logra, pueden generarse situaciones confusas y la aparición de conductas agresivas y/o defensivas dando lugar al distanciamiento.
  • Aceptación de las diferencias: no aceptar al otro como es, bien porque se idealiza en exceso o porque se intente cambiar, supone tratar de negar su identidad personal y la realidad lo que conduce al conflicto de manera directa. Es fundamental aceptar que la otra persona tenga algunas opiniones y actuaciones diferentes a las propias y que a veces no van a satisfacer las necesidades de su pareja. Si no se aceptan estas diferencias, los resultados serán negativos, llevando al autoengaño, la frustración o la ruptura.
  • La relación sexual: una de las expectativas asociadas a la relación de pareja es la de lograr una vida sexual plena y satisfactoria y se espera que se consiga de forma espontánea. La realidad nos muestra que también en este ámbito hay diferencias como el concepto que tiene cada uno de lo que es una sexualidad satisfactoria, educación sexual, habilidades, experiencia, deseos, restricciones. Para que esta área sea satisfactoria hay que trabajar para ello. Requiere un abordaje activo que implique comunicación y negociación al respecto. Esperar a que mejore con el paso del tiempo es poco realista.
  • Encontrar el momento de mostrar fortalezas y debilidades: es decir poder confiar en la pareja  hasta el punto de mostrar las propias debilidades para conseguir la atención o cuidado del otro pero escoger el momento adecuado para ello para no hacer asfixiante la relación.
  • Negociación del poder: la negociación no implica necesariamente igualdad o equidad sino el acuerdo mutuo en el reparto de funciones.
  • Equilibrio del nivel de compromiso: cualquier cambio o revés en la relación, hará que se ponga de relieve la distinta implicación de cada uno con el consiguiente desencanto o malestar del que considera que el otro no se ha entregado lo suficiente. Cada miembro de la pareja debe asumir que se embarca en un proyecto en el que tiene la plena responsabilidad y compromiso de trabajar por mejorar la relación.
  • Mantenimiento de congruencia: hay momentos en los que se siente una cosa y se expresa otra, o bien se dice algo y se hace lo contrario, lo que propicia conflictos internos. Para desarrollar la congruencia se debe aprender a reconocer los sentimientos propios y  practicar habilidades de comunicación asertivas.

Es cada vez mayor el número de parejas que acuden a terapia, tanto entre aquellas que ya se han planteado la ruptura como en parejas funcionales cuya motivación es resolver algún problema concreto que les crea malestar. Afortunadamente también, cada día es mayor el número de parejas que consigue resultados positivos con esta intervención psicológica.

Patricia Perea – Psimetría Psicólogos Málaga

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