DSM-V: ¿Libro sagrado o maldito? Parte 2

DSM-V:

Manual diagnóstico y Estadístico de Los trastornos Mentales

¿Libro sagrado o maldito?

¡Chúpate esa, Freud!

Aunque… un momento… ahora que lo pienso… ¡toda esa información memorizada como un padreneustro, reproducida con exactitud sin posibilidad de réplica como un chimpancé con gafas de pasta que aprende un buen truco a cambio de un plátano (o un más jugoso Sobresaliente), está obsoleta con la llegada de la nueva versión! Es  decir, aquello que aprendí durante la carrera no me sirve para absolutamente nada hoy en día.

Sin embargo, no es eso lo que más me preocupa, sino el hecho de que, si ha sido necesario rehacer el manual DSM, los criterios en los que antes confiaba han resultado no ser los correctos, o lo que es lo mismo: ¿hemos estado diagnosticando mal desde 1952 cuando la primera versión hizo su debut?

Me inquieta pensar en usar el DSM-V, porque a tenor de la progresión que han tenido sus salidas a la venta, ¿cómo puedo saber que esta es la versión definitiva? Y si en los próximos años vemos una revisión y un DSM-VI, ¿significará entonces que estaremos diagnosticando erróneamente a todas las personas que acudan a centros de salud públicos  y consultas privadas de aquí a unos seis años?

(Glups…)

Antes de dejarnos caer en las fauces de la indefensión, es conveniente saber qué es realmente el DSM-V y cuál es su utilidad, porque la tiene, aunque no la que se le suele dar, la cual casi podría ser un síntoma o incluso un trastorno en sí mismo.

DSM- PSICÓLOGOS MÁLAGA

DSM-V

La palabra clave es estadístico. Cuando ves a un número elevado de personas con los mismos gustos musicales, un mismo tipo de ropa y similar peinado, tu mente (que es muy vaga y va a lo sencillo, como todas las mentes) los verá como parte de una misma cosa. A nuestro cerebro le encanta el lenguaje, pero como he mencionado en un paréntesis (los paréntesis hay que leerlos, que suelen ser como la sal en una comida: el condimento que dar  cuerpo y vida al paladar o la lectura), es a la vez muy vaga, lo que significa que al incluirlos en un grupo y referirse al mismo, en lugar de usar como nombre de categoría “los que tiene los mismos gustos musicales (añadir características), usan un mismo tipo de ropa (añadir características) y similar peinado (añadir características)”, optará por términos sencillos como: jebi, rapero o hipster.

En un principio no se era rocker, ni jebi, ni rapero, sino que fue la observación de conductas y pensamientos la que los hicieron aparecer dichos términos (recomiendo investigar sobre el nacimiento del término heavy metal y la gestación de sus símbolos como tribu urbana). Es decir, al igual que en el ejemplo anterior, los trastornos no son entidades en sí mismas, no son un hueso roto, ni gripe, sino la observación de que determinados grupos de personas tienen idénticos comportamientos y pensamientos, y para simplificar y ayudarnos a los profesionales a entender, juntamos dichas observaciones y las denominados: trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad, depresión, fobia, etc.

Claro que, una vez que existe el término, ocurre que  un numeroso e indeterminado grupo de personas se adherirán a la etiqueta de preferencia asimilando las características que la definen, así alguien que quiera ser hipster reproducirá todo aquello que se considere que hace un hipster para convertirse en uno. Lo mismo con un rapero. Lo mismo con un jebi. Y sí, lo mismo con un enfermo mental. He aquí precisamente el mal (y frecuente) uso del DSM-V: el peligro de las etiquetas.

Cuando decimos a un paciente que nuestro diagnóstico es ______, se corre el riesgo de que  esa persona adquiera ese rol, se identifique con el trastorno de tal forma que de modo más o menos consiente haga suyos síntomas que se les presuponen o que pueden formar parte del trastorno sin ser determinantes. Más peligrosa aún son las justificaciones del tipo: “yo es que tengo personalidad límite, que me lo ha dicho mi psicólogo”, como especie de carnet identificativo que sirve para tener carta blanca a la hora de actuar. El autodiagnóstico, algo muy frecuente con el acceso a la información que nos ofrece Internet, es el XXL de esta problemática.

Hay que entender, por tanto, qué significan las categorías diagnósticos, y es que no son entidades que existan en sí misma, sino un conjunto de características a las que hemos definido con una palabra concreta. Es decir: no somos tal o cual enfermedad, somos unas pautas de comportamiento y pensamiento, algunas de las cuales nos hacen daño, al igual que nos hace daño la fiebre o una congestión nasal, pero que son el reflejo de algo que es la parte que verdaderamente nos hace daño y que debemos eliminar.

Lee la primera parte: DSM-V: ¿Libro sagrado o maldito? Parte 1

Manuel Cruces CuberosPsimetría Psicólogos Málaga

1 Opinión

  • J. Soto Posted 28 diciembre, 2015 16:44

    El DSM va perdiendo interés por parte de un sector cada vez mayor de psicólogos en nuestra labor profesional. No niego que tenga cierto valor, pero considero que son más sus hándicaps. Totalmente de acuerdo contigo, compañero, aunque yo hace años que dejé de seguir este manual.

    Saludos.
    J. Soto

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