¿Cuál es nuestro papel ante el bullying?

Mucho se habla de los causas del bullying, de las consecuencias y de estadísticas

Pues bien, yo tengo una estadística que dar: en mi trayectoria profesional he tenido un buen número de casos relacionados con el acoso escolar  y en todos y cada uno de ellos he tratado a la víctima, jamás han venido los padres de un niño o niña agresor para que trabajemos sobre aquello que hace que en un menor llegue a torturar física o mentalmente a otro, hasta unas consecuencias que han hecho que, por desgracia, ahora todos nos acordemos del bulliying.

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Es decir: se normaliza que la víctima necesite tratamiento psicológico al mismo nivel que se normaliza el hecho de ser agresor o agresora, puesto que no se busca ningún tipo de solución ya que ni siquiera parece plantearse como problema. Dada esta visión, no es extraño que sea las víctimas la que tenga que cambiar de centro escolar.

En ocasiones se tiende a simplificar diciendo que un menor violento es producto de un hogar desestructurado o violento. Esta choca con la visión de los que estamos en contacto con la realidad y vemos que el perfil de maltratador o maltratadora no es una fórmula de mates. Esto hace que cobre aún más importancia que los profesionales podamos indagar sobre los motivos que llevan a un menor a causar dolor a un semejante.

Ni simplifiquemos ni normalicemos: los agresores y agresoras también necesitan ayuda profesional.

Sin embargo, como digo, la realidad es bien distinta, y desde la psicología clínica sólo podemos actuar directamente sobre quien acude a consulta: las víctimas. ¿Cuál es nuestro papel en consulta? En ocasiones siento qué básicamente se trata de enseñar a la víctima a tolerar los ataques y que su autoestima no se vea afectada por mucho que sus compañeros y compañeras le insulten o den de lado.

Se puede lograr que las palabras no duelan, pero, ¿qué pasa con los golpes físicos? Una de las que considero mis labores es enseñar técnicas para que la probabilidad de que ocurran agresiones físicas disminuya, pero recalcando a cada paso que la violencia no es la respuesta, puesto que cuidado con que un chico o chica adquiera suficiente valor para hacer frente a esta situación, diga que nadie tiene derecho a golpearle, y el agresor salga agredido porque la víctima ha decidido dar respuesta. En ese caso, desde el centro educativo, dirán que no es un caso de bullying porque la víctima ha respondido.  True Story.

En esto punto es sencillo señalar con el dedo al sistema educativo, más aún recordando una anécdota que me contaron no hace mucho, en la que unos alumnos alertaron a un miembro del profesorado sobre que varios jóvenes estaban escupiendo a otro en el pasillo, a lo que el docente contestó más o menos que eso no había sucedido en su clase, dando a entender que iba a hacer nada al respecto.

No creo que me equivoque al adivinar que más de un lector se habrá acalorado al leer la historia, pero no olvidemos tampoco la noticia de un profesor que fue denunciado tras separar a dos chicas en una pelea por una de ellas porque supuestamente durante el forcejeo, le había tocado el pecho. En definitiva, no podemos acusar al profesorado de no tomar cartas en el asunto cuando no tienen ningún tipo de poder real, ya que las leyes les han deslegitimizado como figuras de autoridad.

En nuestro intento de proteger al menor los hemos dejado desprotegidos de su peor enemigo: ellos mismos. Y es que  un niño o niña por su condición está destinado a cometer errores de los que aprender en forma de experiencia; sin embargo, nosotros mismos, los adultos, nos hemos quitado la potestad de corregirles, de guiarles, por el miedo tan terrible que tenemos a equivocarnos y dañarlos. Los hemos dejado solos ante un mundo que no entienden y ya ni siquiera somos ejemplos.

Hagamos examen de conciencia: el mundo de la psicología tiene su responsabilidad en esta situación. Desde hace años decimos a los padres cómo deben criar a sus hijos, no sólo a modo de consejo, sino corrigiendo todo aquello que aseguramos puede causarles traumas. Les hemos quitado la confianza en sí mismos y en su autoridad, y esto es mucho más importante que elegir un regalo, usar una palabra concreta o leer determinado cuento antes de dormir…

No se trata de culpar, de buscar estadísticas o consecuencias, sino de trabajar, sin miedo, con confianza y no estigmatizando ni ocultado una realidad. Si queremos acabar con esta situación, todos, desde profesionales de diferentes ramas a padres de víctimas y agresores, como los propios niños y niñas, somos parte responsable del problema, y por tanto, parte activa de la solución.

Manuel Cruces Cuberos Psimetría Psicólogos Málaga

2 Opiniones

  • Anónimo Posted 1 febrero, 2016 17:57

    Buenas tardes, creo que habría que mirar la responsabilidad de todos y cada uno de los que formamos parte de la sociedad, no solamente el colegio

    • PSImetria Psicologos Posted 2 febrero, 2016 13:06

      Exactamente, ese es el mensaje del texto. Es muy fácil dejarse llevar y culpara al profesorado de que no actúan ante estos hechos, pero hay que pensar en las posibilidades que realmente tienen. Los que conocemos a profesionales de la educación sabemos que hay mucho que no depende de ellos. Por otro lado, los padres de víctimas ven la importancia del tratamiento psicológico mientras que los padres de los acosadores no lo hacen, cuando deberían ver que dicho comportamiento no es algo ni natural ni saludable y por tanto deben buscar ayuda de igual modo.

      Recibe un cordial saludo de parte de Psimetría Psicólogos Málaga

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