¿Cómo me siento, HAL?

Ayer escuché en la radio un anuncio de un coche que llevaba incorporado un detector que te decía si estabas fatigado y… aquí debería acabar esta entrada, pero puesto que lo publicitan como un reclamo para la compra, está claro que algo más debe ser dicho. Por aclarar: a pesar de que he superado los treinta y hay algún atisbo de “en mis tiempos” en mi visión del mundo, no estoy ni remotamente en contra de los avances tecnológicos, pero si cuando estos avances implican retroceso de nuestra especie: la humana.

Y es que parece que ya no somos capaces de hacer nada por nosotros mismos.

Sensores que te avisan de que la puerta está abierta, de que el cinturón no está colocado, de la distancia con el coche de atrás (incluso lo hay que se aparcan solos), limpiaparabrisas que se activan si llueve, etc., a lo que debemos sumar la misma tendencia en la vida doméstica. Parece que la ficción de la vida del estereotípico doctor chiflado en que una máquina prepara el desayuno mientras otra le cepilla los dientes y una tercera le ata los cordones tras haberle subido los pantalones, está más cerca que nunca, o al menos se vislumbra ese ideal en el horizonte.

Supuestamente estos avances van dirigidos a hacer nuestra vida más fácil, más cómoda, más simple y sencilla. Es como si la amigable tecnología nos dijera: “Tu tranquilo, que yo me encargo de todo, no prestes atención a minucias absurdas que no van a aportarte nada, estas cosas no merecen la pena, tú a lo tuyo” Parece idílico: al no tener que preocuparme de mis sensaciones, de lo que pasa a mi alrededor, puedo dedicar todo el tiempo del mundo a…

¿A qué? A pensar.

Cuando mi percepción queda casi por completo anulada y sustituida por los parámetros de un ordenador que solo me saca de mi retiro imaginario (mental) para pulsar un botón durante un segundo, alejándome del mundo que me rodea y de mi propio ser, me quedo yo solo con mis pensamientos, y esto sería genial si nuestro monólogo interno versara sobre lo feliz que es nuestra vida con tanta tecnología, sin embargo la problemática radica en que jamás he conocido a nadie cuya cabeza sea un constante runrún que no acabe manifestando algún tipo de pesar, y es que ese pensamiento es más rumiar ideas demasiado masticadas que generar nuevas.

Psicólogos Málaga Mindfulness

¿Te gusta conducir?

En contraposición a esta deshumanización, a este distanciamiento de mi cuerpo y de mi entorno, aparece con fuerza en nuestra sociedad el concepto mindfulness o conciencia plena, que trata de traernos de vuelta a la esencia de la vida, a nuestra parte más natural y más viva, en contraposición a una mente condicionada, mentirosa e irreal como es aquella que se aleja de su propósito, que es servir a nuestras emociones, sensaciones y relaciones con el mundo exterior.

Por ello, en lugar de anestesiarnos, más allá de evitar o hacer de nuestras acciones rutinarios movimientos, disfrutemos de los cinco dones que son nuestros sentidos que nos permiten comunicarnos con el mundo que nos rodea, entreguémonos a la propiocepción y las emociones, porque son la esencia de la vida, la mayor fuente de gozo y por tanto, la verdadera vía a la felicidad.

Recordad que, no hace tanto, nos preguntábamos: ¿te gusta conducir?

Manuel Cruces CuberosPsimetría Psicólogos Málaga

1 Opinión

  • Rafa Posted 25 diciembre, 2015 19:04

    Me he reído leyendolo porque es verdad que me he dado cuenta de que es muy importante prestar atención a las emociones que hay dentro. A veces vamos en modo automático hasta que llega un momento en que te sientes mal y no sabes por qué, ese por lo mnos fue mi caso! muy interesante

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